quinta-feira, 3 de dezembro de 2009

La difícil arte de oír

'Nada está dado. Todo es permitido', así lo ha dicho Eduardo Coutinho, documentalista brasileño en su participación en el 1º Festival de Cine Etnográfico y Documental Brasileño, que ocurre esta semana en Barcelona. Lo dice específicamente tras la presentación de su documental 'Metalúrgicos' (Peões, 2002), pero no refiriéndose solo a esta obra, sino a las posibilidades de construcción de las narrativas cinematográficas.

En la conversa que tuvo con la pequeña, pero interesada platea, no se ha fijado solo en esta película - la cual trata de buscar a la gente que construyó, junto con el actual presidente de Brasil, las grandiosas huelgas de los obreros de la industria metalúrgica de la región metropolitana de São Paulo en finales de los 70 y inicio de los 80, con el detalle de que ha buscado a los anónimos y no a Lula y a los que ahora tienen puestos de poder.

Más allá, el documentalista ha hablado de las cosas que le inspiran o que le dan base para sus películas. Dijo que a él le sirve mucho más la ficción que los documentales como aprendizaje para su obra propia, y como ejemplo de ello ha citado Buñuel como una importante referencia en sus trabajos.


Al decir que todo se puede en la narrativa del cine, Coutinho hace referencia al hecho de que en sus obras las imágenes no son descriptivas, y no pretenden crear un discurso paralelo al que es dicho en el momento, al revés, él quiere decir que se puede dejar la cámara parada por el tiempo que sea necesario para que uno diga lo que tiene que decir.

Si uno cambia de materia o de emoción, no hay que por eso cambiar el encuadramiento, la luz o la posición de la cámara. Lo que le importa a él es dejar que uno construya su narrativa, que la desarrolle, a ver donde llega. Y en eso tiene rol muy importante el silencio, como elemento que puede permitir, sino conducir, unas conclusiones o cuestiones increíblemente sorprendentes.

Y ¿como lo hace él? Pues reconoce que tenemos todos prejuicios frente al diferente o al desconocido, de nada vale intentar negarlo. Lo que sí que vale es reconocerlo como condición inmutable y después ponerse abierto, permitiéndose una aproximación, lo que significa hablar, pero lo más difícil y revelador, escuchar.

Aún así, como oyente, Coutinho ha tenido siempre en sus trabajos momentos de habla, de intervención, las cuales - no obstante sean en general sucintas y sencillas, - traen a luz respuestas que revelan sentimientos profundos o mismo llegan a mostrar las contradicciones de los narradores. Al revés de este camino que estaba acostumbrado a hacer - entre hablas, silencios y escuchas - el cineasta ha contado lo difícil, en ciertas partes agonizante, que ha sido su posición en su más reciente trabajo, Moscu (Moscou, 2009), presentado ayer en el mismo festival.

Diferente de todo lo que hizo antes, en Moscu Coutinho solo trabaja con actores y con un texto aparentemente cerrado. El documental gira en torno al proceso de construcción de la pieza 'Las Tres Hermanas', de Chejov, pero el grupo tiene tan solo 18 días para hacerlo, lo que de principio constituye lo que el propio director ha llamado de 'un fracaso gigantesco'.

Pero justamente se trata de documentar este fracaso, y lo que ocurre mientras los actores preparan sus personajes, pues que hasta que se llegue al escenario - lo que no ocurre en la película - pasa que no solo se crean las personas, sino que a la vez se mezclan con ello recuerdos y emociones mismas de los actores, a tal punto de no se poder distinguir la realidad de la representación, tal como ocurre en Juego de Escenas, en lo cual actrices y mujeres anónimas interpretan el ajeno y a si propias.

Sin embargo, lo que distingue Juego de Moscu, y que es lo que tanta agonía le causó a Coutinho, es que en el ultimo el director no se sienta en frente a uno y le entrevista, mejor dicho, le escucha. En Moscu solo se ha tratado de quedarse como observador ajeno a la situación, tan ajeno que él no interfiere en prácticamente nada en el trabajo del director teatral invitado para conducir los ensayos.

Coutinho, ahora con sus pelos totalmente blancos, y con su aire falsamente antipático, lo justifica diciendo que después de Juego – donde por primera vez trabajó con actrices - no podría volver a hacer lo mismo de antes, es decir, escoger un punto común y buscar gente que tuviera historias sobre ello. Ahora, dice, hay que seguir en frente, siempre con nuevas propuestas, no entrando en detalles, pero dando a entender que ya prepara otro documental. Él concordó cuando una asistente dice que Moscu era un experimento. Al fin y al cabo, todo es permitido, ¿verdad?

5 comentários:

NR disse...

carajo ! tinha q escrever tudo em espanhol?? ñ entendi uma virgula , hijo de una putana! HAUHAUAHUAHAU

Marcos Mafra disse...

huahuahauhahua vou fazer uma traduçao, é bom pra praticar tbm, pq as expressoes nem sempre sao equivalentes. te mando depois

rafael disse...

Muy Bien!

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